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Las proteínas que nos conforman, se disgregan y licúan en el entorno llevadas por unos hilos invisibles que las hacen transmigrar de lo que eran donde estaban, a nada, a la disolución, del modo que el huso acromático, también invisible si no lo tiñen los preparados de laboratorio, a los cromosomas a cada polo de la célula.
Parece que el acto de nacer una célula no debiera compararse con el hecho de volver a ser las proteínas que nos componen no otra cosa que sus componentes aminoácidos volviéndose a depositar en el medio; pero el hecho de que ambos acontecimientos parezcan la cara y cruz, precisamente nos permite reconocer como una misma moneda lo que comporta su antítesis: Síntesis de proteínas, descomposición de las mismas. Con esta mano tomo lo que con ésta devuelvo quizá centuplicado.
Aplicarse con más entusiasmo a dilucidar si la vida y hasta su sombra, la muerte –Algo así como la reunión del Ren, Nombre, y Sut, Sombra, egipcios- es, son, o no aumento de entropía
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