A alguien en este mundo, estos años, yo inspiré en sueños: La última palabra para amar es amor, pues la primera fue siempre JUSTICIA

"La rebelión es mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos" Alejandra Pizarnik-en esta vida

"Solo veo rosas" Alejandra Pizarnik-más allá de esta vida-

Solo soy pura rebelión, vino a decir... aunque no sola estás

Vos no está sola. Y esta rebelión se hará. Y no desde la soledad. No desde cuatro gatos somos y por eso nos pisotean. ¡Una ola de Rebelión vendrá que tambaleará los cimientos podridos de estas sociedades!

viernes, 18 de junio de 2010

Satán astrólogo

55

Solamente él y los Magos, Reyes astrólogos de Oriente, supieron con quién estaban tratando. Y más mérito para el primero que lo supo cuando ya todos empezaban a ignorarlo: En el desierto de la desolación, la prueba de conciencia.

Si fue astrólogo, que hace tiempo, nada más que un instinto satánico de superioridad pudo inspirarnos, nos puso sobre el tapete de nuestras invocaciones: cuadernos en que escribo estos versos, versículos, poemas, fábulas, el titulado, cual los capítulos anteriores: “Química de la resurrección”. Temo haber perdido el original y lo único que quedó de lo mismo es lo que ahora en mi cabeza y vuelta a reescribirlo (Al releer esto a 2010 no puedo por menos de asombrarme desde cuándo la idea en mi cabeza de encontrarle una química o una física a hecho tan extraordinario como la resurrección, si estas palabras fueron escritas en los años ochenta del pasado siglo y ya entonces daba por perdido el poema al que hacía referencia. Y desde luego que “vuelta a reescribirlo”. No será por tesón ante la adversidad como el de la santa Esfinge del Nilo).

Mas poco importancia ha de dar a lo suyo y menos hemos de tomarnos por importantes aquell@s a l@s que inspira, si él, o ella, creyó en el desierto en aquel al que nadie creería nada más que unos pocos desheredados como él, en aquel en el que nadie cree en realidad aunque en su nombre hayan levantado esos emporios que solamente son un insulto a su persona, religiones en su nombre. Extraviamos unos versos, pues aquí tenemos su vuelta a la carga, sean prosas estos poemas de la Química de la Resurrección.

Olvidemos los sucesos de la pobre adolescencia. Ya que cuando se predice el futuro, se lo produce o lo estamos precediendo (Y todavía lo estamos a 2010. A pesar de esa examen de la Síndone con los mecanismos de la tecnología moderna desde ya entonces, años ochenta, ¡y aun a pesar de que desde los primeros años de este nuevo siglo nos atrevemos a hablar de inmortalidad, o de vidas prolongadas a lo Matusalén en estados de total autonomía o perfecta salud!, ¿quién habla, cuánto, cómo, cuándo, o investiga en profundidad de estos temas, y no esa mamarrachez de prolongar nuestras vidas a ejemplo en años de los patriarcas bíblicos, sino vida total –-miedo nos da escribir “eterna” por el aquel de que puedan lapidar nuestro derecho a expresarnos con más celeridad, a la vista lo escrito aquí y sin publicación desde los años ochenta--, vida antes de aquí, vida después de esto; a qué ciencia atea y sus catedráticos tememos del mismo modo que antes ese pánico sagrado ante los que no fueron otra cosa que poco menos, o mucho más, que criminales, papas, obispos, sacerdotes; estaríamos con ello corroborando que a unos criminales suceden otros, que a unos enmudecedores, otros, que el poder criminal ayer, e incluso hoy, lo ostentaron obispos y hoy lo ostentan de forma tan absolutista catedráticos y toda la legión de estudiosos que les sirven no atreviéndose a alzar su voz por encima de la doctrina que ellos impartan llamándola ciencia? Ahí tenemos al “genio” Einstein sin que todavía nadie se atreva a enfrentar su doctrina a pesar de los múltiples descubrimientos que la contradicen de plano, quizá más que con cuantas chorradas el estatus social de la ciencia física pretende seguir consagrándolo a régimen de inamovible). Sabemos que en realidad algún día la ciencia física-química habrá de preguntarse por ese rayo, o por ese extraño metabolismo, catabolismo destructor fulminante al que siguió un anabolismo o recomposición de lo orgánico a dimensiones que desconocemos.


Y a 2010 finalizaremos estas palabras, a las que tanto he añadido con esta fecha, con estas tres fotografías que realicé por los años setenta a la única estatua, no sé si hasta el momento actual, pero si hasta hace poco, erigida al Ángel Caído, y fue naturalmente aquí, en España, Madrid, Parque del Retiro, que aunque tengamos esa fama de beatos e inquisidores católicos, ni jamás inventamos la Inquisición, que lo hicieron los franceses para exterminar cátaros gracias a una absoluta falta de saber defender lo suyo por parte de los reyes de Aragón de cuando aquella cruzada genocidio para apropiarse de las muchas riquezas y tierras de una sociedad más libre y más rica como fue la de los condados Occitanos de entonces que si a un rey reconocían era al de Aragón; ni inventamos la Inquisición, y además nuestra cultura hunde sus raíces en la noche de los tiempos de Tarsis, en aquel neolítico donde significase tanto la mujer. Ángel Caído, Satán, y vaya usté a saber lo caído o lo maldito como “puta” se dijese hasta hoy de Miriam de Migdal, o de traidor de Judas, cuando aparecieron ejemplares de los Evangelios que la Iglesia hizo desaparecer, tales como precisamente el de Miriam o el de Judas, el de Felipe y otros. Satán, Ángel Caído, quizá radicación positiva o de anabolismo que vino a recoger a aquella radiación leptónica o catódica que sucediese como catabolismo catastrófico en alguien que se quiso, y todavía se querría, muerto; Satán, el Adversario, quizá el Adversario de toda la inmundicia que en este mundo de genocidas se da por bien sin serlo, al que en este escrito aludíamos como Rey Astrólogo e incluso más… Estas imágenes del Ángel Caído, puedo ser yo, pues también lo estoy, que todavía aguardo mi hora tras tantos y tantos y tantos años de pensar lo mismo, aguardo con ese tesón ante la adversidad que decimos en lo aquí escrito de la Esfinge del Nilo, aguardo como si el tiempo hubiese de temerme a mí al igual que se dice de las Pirámides y no yo temiese el tiempo que obra sobre mí lo que la luz obró sobre una de esas tres fotografías que tomé del Ángel en los años setenta.

Aguardo con esta santa paciencia aunque reine lo oscuro. Y hasta me río o navego por este aguardar cual si con éstas mis alas pudiese parar todos los huracanes y sus soplidos de nubes, o cual si expusiese mi sobaco al aire desodorante.
Y me repito: Día, tal vez ni así se llame, por tiempo sino por su anulación, vendrá en que hablaréis de la Química-Física de la Resurrección. ¿Cuando la tengáis todos encima, cuando no quede otra pues todo lo demás haya desaparecido? ...Santa Bárbara cuando truena. Algún día se hablará de la Química-Física de la Resurrección, porque efectivamente pudo ser posible. Nada hay en la naturaleza, como se dice de la física cuántica sólo no la comprenden los que se creen haberla entendido, que pueda desdecir ni vida eterna ni resurrección. ¿Tampoco hay pruebas que lo afirmen? Pues menos hay prueba alguna sobre el descabelle teoría de cuerdas que pretenden teoría del todo de algo tan real como debiera ser la Física y no un acúmulo de fábulas, aunque no parábolas, o sí, como lo es. Cuerdas… “Algo chiquitito”. Como nuestra tierna canción de Eurovisión de este año que jurados con el voto ya decidido antes de oír ninguna no supieron apreciar.
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